DÍA GRANDE DE JUJUY

Localidad de León

Localidad de León

Corría el año 1821, en el Virreinato del Rio de la Plata se cumpliría once años de guerra entre la administración Española y el gobierno Revolucionario, surgido el 25 de Mayo de 1810, con epicentros en la ciudad de Buenos Aires. La Intendencia de Salta del Tucumán, conformada por las ciudades de Jujuy, Oran, Tarija, Tupiza y Salta, donde el gobierno de la intendencia tenía su asiento. Había soportado con enorme esfuerzo en hombres y bienes sucesivas invasiones del ejército Realista, no habiendo podido superar la ciudad de Tucumán.

En el mes de Abril de 1821, la situación presentaba una complicación interna. El Gobernador de Tucumán don Bernabé Araoz, se negaba en forma sistemática a entregar al Gobernador de Salta General Martin Güemes, armas y pertrechos pertenecientes al ejército del Norte, acantonados en esa hasta 1820, en que se le ordenaba marchar a Buenos Aires. Asimismo para formar la republica de Tucumán, Araoz se había exasperado Santiago del Estero y Catamarca, la que sin duda causaba una situación de confrontación, a la que el Gral. Martin Güemes pretendía someter por la fuerza. Por esta razón envió tropas a combatir a Tucumán al mando del coronel Alejandro Heredia, mientras las tropas Tucumanas estaban comandadas por el Coronel Eduardo Arias, Jujeño que había servido a las órdenes de Güemes. En ausencia del General Martin Güemes, quedo como Gobernador sustituto el Dr. José Ignacio de Gorriti, quien el 15 de abril de 1821, recibió la noticia que por la quebrada de Humahuaca,, se desplazaba con rumbo sur una importante tropa con la intensión o a raíz de ello, de aprovechar las disidencias generadas por el conflicto entre Tucumán y Salta. El Comandante Realista Pedro Antonio de Olañeta, se mantuvo en observación, ordenando adelantarse con un contingente de 700 a 1.000 hombres a los Coroneles don Guillermo Marquiegui y Antonio Huici, los que llegaron hasta la ciudad de San Salvador de Jujuy, acampando en las afueras en campo de la tablada. Sintiéndose inseguros y demasiados expuestos, decidieron levantar campamento retrocediendo hasta la localidad de León, acampando en la desmembradura  del rio león sobre el rio grande. A todo esto el Gobernador sustituto, había solicitado al Cabildo de la ciudad de Salta, le vote y autorice la operación que se proponía y la suma de $2.000 pesos fuertes. Habiendo girado la orden que de inmediato se desplazaron hasta el fuerte de Cobos 500 hombres armados de las tropas acantonadas en la frontera. Terminados los preparativos, dio inicio a la operación bélica dirigiéndose a la ciudad de Jujuy. Tras superar Cobos y en jurisdicción de Campo Santo (hoy Dpto.. Güemes) atravesó las localidades de Monterrico, el Carmen, los Alisos, llegando a la ciudad de Jujuy, con una importante tropa de hombres, que formaban parte del ejército de Güemes, integrado por hombres como el Coronel José Gabino de la Quintana, Comandante Bartolomé de la Corte, Coronel Domingo Iriarte, Coronel Domingo Arenas.

Superada la ciudad de Jujuy, fue en búsqueda del enemigo, al llegar a la localidad de Yala, cuenta la tradición que fue informado por el morador de la Finca los Sauces, del  Sr. Joaquín Carrillo quien recibió información de un puestero, Don Tata Serapio que los Realistas acampaban en la quebrada de León. Tomadas las precauciones del caso y tras una maniobra envolvente que permitiera por la sorpresa caer sobre el enemigo, sin permitirles una reacción organizada. Iniciada la operación el día 27 de abril de 1821 a la oración, el General José Ignacio de Gorriti, logro un triunfo aplastante, no permitiendo el escape de los hombres que a esa hora se aprestaban a comer los asados, como señalaban los historiadores, tomando todo el parque, ganados, carretas y la artillería realista. Iniciando de inmediato el repliegue sobre Salta. La acción bélica, fue tan bien concebida y mejor ejecutada que paso a la posteridad con el nombre de “DÍA GRANDE DE JUJUY”.

Entre los prisioneros marchaban los dos Oficiales parientes de Olañeta, los Coroneles Guillermo y Felipe Marquiegui, Jujeños al servicio de Rey y cuñado del General Olañeta.

Enterado de la derrota, el General Olañeta, amenazo con avanzar hasta Jujuy y destruirla sino le devolvía lo tomado por los patriotas. A lo que el General Gorriti contesto, informándole que de ejecutar esta maniobra pasaría por las armas a los oficiales cautivos incluidos sus cuñados. Al no quedar alternativas el General Olañeta, levanto su campamento dirigiéndose a la localidad de Mojo en el Alto Perú.

El triunfo en León, nos deja como enseñanza que: unidos en una causa justa podemos ser imbatibles. Que conducidos con solvencia y patriotismo, el triunfo es cierto. Y por último con la altura moral de todo un pueblo jamás seremos esclavos, ni nos someterán los déspotas. León lleva el sello imborrable de la justicia lograda a través de la lucha y ejecutada por hijos de esta tierra. Gloria eterna a los héroes de nuestra Patria Chica.

Autores: Misael Soria Linares – Canciller de la Orden de las Caballerías Gauchas.

Héctor Enrique Medina León – Presidente de la Orden de las Caballerías Gauchas.

EL BAQUEANO DE YALA

Allá por el año 1911, en mis trabajos periodísticos en Jujuy, escribí, con sentida emoción, un artículo titulado “la luz de los siglos” rindiendo homenaje a un humilde labrador casi desconocido: Víctor Serapio, viejo capataz en la estancia de Yala, propiedad del historiador jujeño Dr. Joaquín carrillo. El viejo Serapio vivía en la sala. Así designan a la casa principal de la finca los campesinos y peones de la misma, ya que los afanes de la estancia habían pasado a manos del hijo, anciano también, don cruz Serapio, y el padre estaba como jubilado en la vieja hacienda, pues había nacido a fines de mil setecientos, vivió todo el ochocientos y murió creo en 1911.

Con el actual juez federal de Jujuy, Dr. Rodolfo carrillo, realizamos nuestra correrías de la niñez en yala, donde veraneaban nuestras familias en una y otra margen del rio comarcano, y el viejo Victorio nos atraía singularmente porque tenía una memoria prodigiosa y nos contaba episodios, pedazos de historia por el vivido y cuentos y casos en la fabla pintoresca y grafica de los gauchos del norte, lleno de intencionado colorido.

Del general Belgrano nos decía que lo había conocido cuando él era muchachón y lo había atendido allí mismo, en yala, a su paso para el norte. Recordaba a Gorriti, a arias, a Alvares prado y contaba muchas anécdotas de la nunca bien ponderada guerra de Humahuaca, que quizás alguna vez las podamos reunir en un trabajo posterior.

Sentados sobre unos pedregones, nos divertíamos viendo pasar los largos y corpulentos alisos que el rio furioso desprendía arriba, en su curso superior, y arrasaba en sus ímpetus de titán, como simples ramilletes, entre el ruido profundo, cavernoso, de las aguas y los pedruscos que iban chocando en medio de la torrentera. Como otras veces, le indagamos al viejo sobre el pasado y esa vez el rio creció le recordó un episodio en el que tuvo participación destacada, episodio que adapto y ubico en la historia jujeña.

Comenzaba el año 1821, era la hora siniestra de las luchas internas de los caudillos. Tucumán erigido en republiquita independientes sintió el aguijón jujeño, llevando por uno de sus héroes de epopeya, por el coronel arias, que supo combatir a los facciosos, Güemes ejercía en salta, días antes de su muerte, el controlador enorme de sus autoridad y Jujuy estaba lleno de refugiados salteños. La autoridad en la muy noble y leal ciudad de san salvador de Velasco estaba en manos del general y doctor José Ignacio Gorriti, hermano del célebre canónigo.

I tenaz invasor hispano volvía nuevamente a descender por el cauce de gesta de Humahuaca, con Olañeta al frente, jujeño de renombre, realista hasta la medula, héroe a su manera, ya que cayó como bueno, más tarde, en la batalla de Tumusla. Olañeta tenía al frente de su vanguardia al coronel Marquiegui. Pariente político, y esta avanzaba en esos días de abril hacia Jujuy.

Esta otras avenidas que traía el cauce de Humahuaca eran siempre formidables y la tragedia vivida por esos pueblos inenarrable. Pero los generales realistas que se habían batido con Napoleón, los regimientos de mayor renombre como el famoso de Extremadura y los mismos batallones organizados con criollos por los godos en el curso de esa larga y tesonera campaña aquel de angelitos, por ejemplo, que formo el cura de yavi, para oponerlo a los mentones infernales gauchos todos fracasaban dentro de la gran quebrada, azotada así, casi permanentemente, por los turbiones de la guerra pavorosa, pero fresca siempre de inmarcesibles laureles. Era por la acción estoica y vivaz de los patriotas, era la energía colectiva, sistematizada por Belgrano y movida por os guerrilleros locales y superada a lo largo del diario combatir. Por eso Gorriti, doctor, se hizo general; por eso Güemes hacendado, se hizo caudillo glorioso; por eso arias, comerciante, fue coronel y fue un bayardo, y así todos.

Pero volvamos a nuestros episodios. Aquella vanguardia de Olañeta había campado en león, a pocos kilómetros de Yala, las patrullas gauchas, destacadas en observación, necesitaron hacer saber al general Gorriti aquella novedad, enviándole un chasqui. I dieron con el mozo Victorio Serapio, joven cenceño y listo.

El recuerdo de este episodio vino porque en aquel abril de 1821 había llovido hasta tarde decía nuestro anciano y el rio de Yala estaba creciendo, igual que en la oración de nuestro relato. Mas las lluvias abrileñas de 1821 cayeron solo en las cuencas de las lagunas origen del rio y el crecido únicamente era, por fortuna, el de yala. Cuando el chasqui llego al lugar donde nos relataba el episodio y encontró al rio hecho un turbión, desvió a la izquierda y cruzo el grande, para ir a Jujuy por la otra banda. Pero el grande engrosado desde yala hacia abajo, no pudo ser vadeado por Serapio, frente a la ciudad, como era su propósito y tuvo que hacer señales y demostrar su apuro, rondas de gauchos lo vieron en la playa, frente a Jujuy y se acercaron al rio. El joven tuvo que gritar su parte y volver presuroso hacia Yala.

El general Gorriti dispuso,  al día siguiente, su salida de Jujuy, con toda la tropa móvil disponible y  fue a dormir en Yala, a orillas del rio que, pasada la avenida, ya no ofrecía dificultad y allí organizo el ataque, por sorpresa, a la vanguardia realista acampada en león, más o menos donde hoy está la estación del ferrocarril.

Se creyó conveniente no avanzar por el viejo camino de la conquista, que va por el pie de las primeras lomadas. Había que disimular el ataque y no ser vistos por las patrullas invasoras, que andaban en procura d víveres y cabalgaduras, el binomio material d los problemas realistas.

El general, lindo hombre, ese señor decía el anciano, resolvió desprender una columna bastante fuerte para emboscar el grueso de sus tropas y obrar, si era posible, como tenaza sobre el campamento realista, para lo cual envió esa columna, más o menos visible, por la otra banda del rio grande hacia Jaire, mientras él, con el grueso de la tropa trepo por la montaña de la izquierda, para reunirse con la otra columna, a la madrugada, en la playa del rio león.

Victorio Serapio fue el baqueano de la sierra, Para emboscar las fuerzas, los gauchos entraron la quebrada de Yala, hacia el riacho de varas  y por camino de vacas, solo conocidos por los puesteros de la estancia, llegando casi al filo del alisar chico, fueron hacia el rio lozano; lo cruzaron arriba, a media noche y volvieron a subir las lomadas de león, para caer, a la madrugada, por la quebrada del mismo nombre, hacia el rio grande, donde  se reunieron con el destacamento que había ido por Jaire.

El baqueano supo encontrar todos los vericuetos de las lomas altas, pasar por entre el boscaje y caer sobre león en forma completamente oculta para los españoles del campamento de Marquiegui.  Cerrada la tenaza en la playa de león, los hispanos estaban copados, la carga gauchesca se les vino encima, por la espalda y por donde menos la podían esperar, el alud sobre el campamento fue instantáneo. Golpeando los guardamontes, para que creyeran que eran tiros y llevando todo por delante, decía el anciano las fuerzas de Gorriti liquidaron a la vanguardia realista. No se escapó nadie de los doscientos y pico de hombres que la formaban.

El coronel Marquiegui, su hermano Felipe y otros oficiales, las armas, las municiones y cabalgaduras quedaron en poder de los patriotas jujeños. Olañeta procuro reparar el desastre intentando, a su vez cortar la retirada a Gorriti; pero este le hizo saber que debía retirarse, porque mantenía la solución firme de fusilar a todos  los prisioneros.

Olañeta era casado con una Marquiegui, una de las bellezas más soberbias del tiempo de la guerra.

De ahí, de ese hecho de armas de león, vino lo que se llamó después. El día grande de Jujuy. Pero historia general olvida desgraciadamente estas  páginas de gloria y ese combate de león, de tan eficaces resultados y de tan matemática y elegante ejecución, no aparece en ninguna parte, pudiendo figurar con el mismo lampo de luz que las piedras o san Lorenzo.

La tarde caía sobre Yala, en la serenidad de un crepúsculo bermejo. El torrente rugía y el bronco latir de las aguas encrespadas había despertado en el anciano el recuerdo de ese otro turbión de 1821, cuando sus ojos cenizos ya no podían descubrir los senderos ariscos de la montaña. El señor Gorriti me regalo después unos patacones, dijo victoriano Serapio, cerraron el relato…

Autor: Horacio Carrillo del libro Humahuaca

A GORRITI

Por Ana Quispe

Gorriti nos liberó de
Las fuerzas Españolas
Con gauchos y soldados
Que vinieron de la loma
Unos por Tesoreros
Por Tiraxi, por Ocloyas
Se enfrentaron en la playa
Por muy largas horas
Al pueblo libero
Y en esta casa quedo
Y su sueño cumplió
En el pueblo de León
Gorriti obliga a retirarse
A Marquiegui y a Olañeta
Y por no ser fusilados
Se retiran derrotados
Defendiendo el terruño
Consiguió la libertad
Ese hombre es un héroe
Y descansa hoy en paz